Y mañana empieza todo de nuevo.
Noches de insomnio. Desayunos por la tarde. Clases al anochecer. Noches de insomnio.
También habrá días de
pizzas, días de pasta y días de guisos. Partidos pasados por agua o nieve con las manos rojas del balón y el frío. Tardes de cervezas, noches de
mojitos o botellones de guitarra. Películas, exposiciones y conciertos. Música. Horas y horas de música. Habrá libros y relatos, versos y poemas en prosa. Habrá clases en la hierba y dibujos en el aula. Aparcamientos en doble fila, cafés en botellas de
Aquarius y guantes. Grifos estropeados, sartenes encendidas y duchas heladas. Vecinos de los que gritan, ladran, lloran y gimen. Habrá Policía, ruido de ambulancias, helicópteros y aviones. Muelles, somieres y colchones. Noches torcidas y mañanas borrosas. Zumos de naranja y
yogures sin azúcar. Sábanas
en rebujadas, ropa en el suelo y botellas junto a la mesilla. Reuniones, conferencias, charlas y más reuniones. Frustración, impotencia y lenguas mordidas. Y exámenes. Muchos exámenes.
Pero este año pienso disfrutarlo todo desde el primer día.